Conviven en esta novela dos historias que, de algún modo, se entretejen, se alimentan la una de la otra. La de Michi Panero y, por extensión, la de la familia Panero, y la de Ricardo Estrada, el narrador. La primera va tejiendo de un modo casi fantasmal, a veces inexplicado e inexplicable el corpus que suponen los avatares de Ricardo, que parece vagar por la historia, por su vida, imantado, influido por los Panero. E igualmente la segunda va tejiendo el desencanto y la caída de la familia Panero, contando, si es posible, lo sucedido, reviviendo una época, reviviendo unos sueños, un momento concreto en base a vivencias de carne y hueso, a las experiencias del narrador. Son dos hilos muy sutiles que navegan por la novela tirando el uno del otro y el otro lo del uno.
Conviven en esta novela dos historias que, de algún modo, se entretejen, se alimentan la una de la otra. La de Michi Panero y, por extensión, la de la familia Panero, y la de Ricardo Estrada, el narrador. La primera va tejiendo de un modo casi fantasmal, a veces inexplicado e inexplicable el corpus que suponen los avatares de Ricardo, que parece vagar por la historia, por su vida, imantado, influido por los Panero. E igualmente la segunda va tejiendo el desencanto y la caída de la familia Panero, contando, si es posible, lo sucedido, reviviendo una época, reviviendo unos sueños, un momento concreto en base a vivencias de carne y hueso, a las experiencias del narrador. Son dos hilos muy sutiles que navegan por la novela tirando el uno del otro y el otro lo del uno.