Eloy de la Iglesia, a lo largo de veinte años y veintiuna películas, se ha permitido mostrar en imágenes lo que gran parte de la cinematografía española de la época obviaba sistemáticamente.
Y lo ha hecho sin dejar de ser claro y accesible para el público. Nunca pretendió desvincular el cine de la industria, a pesar de su clara voluntad de hacer un cine de autor.
Su obra se ha movido siempre dentro de la más elemental, pero no por eso menos complicada, de las paradojas: la subversión en los puntos de vista con que abordaba los temas y la sencillez con que planteaba sus historias.
Pero por encima de todo, Eloy de la Iglesia es un excelente cronista del tiempo que le ha tocado vivir.
Eloy de la Iglesia, a lo largo de veinte años y veintiuna películas, se ha permitido mostrar en imágenes lo que gran parte de la cinematografía española de la época obviaba sistemáticamente.
Y lo ha hecho sin dejar de ser claro y accesible para el público. Nunca pretendió desvincular el cine de la industria, a pesar de su clara voluntad de hacer un cine de autor.
Su obra se ha movido siempre dentro de la más elemental, pero no por eso menos complicada, de las paradojas: la subversión en los puntos de vista con que abordaba los temas y la sencillez con que planteaba sus historias.
Pero por encima de todo, Eloy de la Iglesia es un excelente cronista del tiempo que le ha tocado vivir.